El estudio de los resultados de las consultoras de opinión pública con finalidad electoral (opinion polls) no es un tema de importancia exclusiva para actores políticos. Porque en definitiva es el único caso en que la confiabilidad de la metodología utilizada y la seriedad profesional son puestas a prueba.
Por ello las consultoras de opinión pública presentan como ventaja comparativa, cuando salvan las pruebas electorales, de poder demostrar los éxitos y aproximaciones de sus técnicas y procedimientos.
Los estudios de opinión pública electoral exigen llevar al límite la capacidad de los profesionales, pues requiere una precisión molecular. Baste recordar que en las pasadas elecciones el presidente de la República fue elegido en primera vuelta por tan solo una ventaja del 0.45%. Y fue posible medir y anunciar ese resultado.
En estos estudios es cuando se lleva al máximo el afinamiento de la muestra, la perfección del cuestionario, la precisión en la organización del trabajo de campo, la calidad de los encuestadores y de la capacitación de los encuestadores.
Además, las encuestas de opinión son difundidas semana a semana, con el consiguiente impacto sobre los actores políticos y la sociedad. Solo es posible mantener el liderazgo si todos (sistema político, líderes de opinión, el público todo) mantienen confianza en el encuestador.
Para ello, para encarar este desafío, es que Factum asume la postura de que “el investigador científico – como lo es todo investigador social, de opinión pública y de mercado - debe ser la de no involucrarse con el objeto de estudio, lo que implica neutralidad, objetividad e imparcialidad”. En definitiva, ajustarse al máximo de rigurosidad, seriedad e independencia.
Los estudios de opinión pública derivan a su vez en análisis de la sociedad, de sus ideas, valores, juicios y actitudes.
En tal sentido, los principales desafíos que Factum afrontó exitosamente, son:

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